Según un informe, musulmanes radicales han colocado carteles
en una ciudad paquistaní ofreciendo una gran recompensa para cualquiera que
asesine a un activista cristiano que huyó a un lugar desconocido de Tailandia.
Faraz Pervaiz fue conocido por hablar a favor de minorías
cristianas luego de que una turba destruyera al menos 116 casas y dos iglesias
en la ciudad paquistaní de Lahore.
De acuerdo con International Christian Concern, un organismo
de control de persecución religiosa, esto llevó al creyente y padre de tres
hijos a huir de su nación en 2014 debido a la presión y amenazas en su contra.
Su caso se hizo tan conocido que el partido político
Tahreek-e-Labbaik de Pakistán liberó una recompensa de 62.000 dólares en 2015.
Poco tiempo después, un musulmán radical también lanzó un
vídeo en el que pedía a todos sus compatriotas que encontraran a Pervaiz y su
familia y lo mataran.
Ahora, según UCA News, carteles han aparecido en la ciudad
paquistaní de Karachi, donde se ofrece una recompensa de 62,800 dólares para
quien asesine al activista.
Cabe destacar que, el gobierno de Pakistán presentó un caso
de blasfemia en contra de Pervaiz.
Esto lo convirtió en el primer hombre de la historia en ser
sentenciado con dicho cargo por las autoridades de una nación; el Estado, en
este caso.
Más recientemente, el creyente tuvo que mudarse junto a su
familia a un lugar desconocido hasta el momento luego de que se diera a conocer
su ubicación en redes sociales.
Al parecer, un refugiado musulmán paquistaní pedía a «todos
los musulmanes del mundo» que viajaran a Bangkok, Tailandia, para asesinar a
Pervaiz.
El activista ha pasado años suplicando ayuda a un alto
comisionado de las Naciones Unidas; pero siente que el organismo le ha fallado
a él y a su familia en un momento de gran necesidad como el que está atravesando.
«Estoy en una situación en la que estamos indefensos aquí»,
explicó el activista en una entrevista por teléfono.
Aunque está consciente de que la culpa no la tiene las Naciones
Unidas, sino las autoridades competentes de su país por no promocionar
seguridad.
En naciones como Pakistán, la blasfemia se castiga con la
muerte y a menudo, muchos cristianos son blancos de estas leyes; razón por la
que decenas han sido asesinados los últimos años.

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