La decisión
de la participación de los atletas transgénero ha causado controversia. El
problema radica en que las mujeres biológicas no poseen los mismos atributos
físicos que los hombres y muchos de estos atributos del cuerpo masculino tienen
profundas implicaciones para el rendimiento deportivo, una ventaja que puede
resultar injusta para las competidoras femeninas.
Quinn es
mediocampista del equipo femenino de fútbol de Canadá, quien declaró su
condición de transgénero el año pasado, integró el equipo canadiense que ganó
la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en el 2016.
Quinn no es
la única deportista transgénero que compite en Tokio 2020. La más visible tal
vez sea Laurel Hubbard, una transgénero que representa a Nueva Zelanda en el
levantamiento de pesas. Chelsea Wolfe, ciclista transgénero, es suplente en el
equipo de BMX, estilo libre, de Estados Unidos.
El Comité Olímpico Internacional permite los deportistas
transgéneros desde el 2004, pero nunca antes habían competido tan abiertamente.

Ya no da deseo de ver esos juegos, esas decisiones son nocivas e injustas y provocan malestar eso es lo que se llaman un verdadero machismo y abuso cometido contra las mujeres, para favorecer a alguien revelado contra su propia naturaleza. Barbaros.
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