Detienen ejecución de exmarine que demandaba estar acompañado de su pastor

John Henry Ramírez, de 37 años, fue sentenciado en el 2004 por el asesinato de Pablo Castro, de 46 años, que trabajaba en una tienda de Corpus Christi, por lo que iba a ser ejecutado este miércoles.

La Corte Suprema de Estados Unidos otorgó un indulto temporal de última hora a un condenado a muerte de Texas, tras alegar que el Estado estaba violando su libertad religiosa al no permitir que su pastor le impusiera las manos en el momento de la inyección letal.

Ramírez, se encontraba en una pequeña celda de espera a pocos metros de la cámara de la muerte de Texas, en la prisión de la Unidad de Huntsville, cuando el portavoz del Departamento de Justicia Penal de Texas, Jason Clark, le comunicó el aplazamiento.

El abogado de Ramírez, Seth Kretzer, había argumentado que el Departamento de Justicia Penal de Texas estaba violando los derechos de la Primera Enmienda del recluso condenado a muerte a practicar su religión al denegar su petición de que su pastor le tocara y vocalizara las oraciones cuando fuera ejecutado.

Asimismo, calificó la prohibición de la oración vocal como una «orden de mordaza» espiritual.

El pastor de la Segunda Iglesia Bautista en Corpus Christi, Dana Moore, asesor espiritual de Ramírez, dijo que la petición de permitirle tocar a Ramírez tenía que ver con dejar que el recluso practicara su fe cristiana y con tratarlo «con cierta dignidad».
 

Moore y Kretzer dicen que la imposición de manos es un acto simbólico en el que los líderes religiosos ponen sus manos sobre alguien para ofrecer consuelo durante la oración o conferir una bendición espiritual en el momento de la muerte de alguien.

«Está pagando por su crimen. Supongo que la pregunta que surgiría es si eso no es suficiente». dijo Moore
 

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